Parábola de los Trabajadores de la Viña

Publicado por seriglesia en

San Mateo 20, 1-16 –  Reflexión

En el evangelio del pasado domingo Nuestro Señor nos quiere enseñar algo sobre el Reino de los Cielos y nos enseña una parábola del propietario de una viña que sale a buscar a trabajadores para la labor en ella. Es así que contrata varios grupos a lo largo del día. Al finalizar la jornada hay algo que sorprende a los trabajadores (y también a nosotros): un pago uniforme del trabajo  de toda la jornada para TODOS los trabajadores.

En un principio y a simple vista nos podemos llegar a alarmar por lo que escuchamos: “¿Cómo?!… Es el propietario un hombre injusto? … “Que nos está diciendo nuestro señor? “ o podemos pensar “Queee??…acaso Dios no es justo?”.  Y realmente pienso que así también se sobresaltaron y pensaron los que estaban alrededor de Jesús cuando pronuncio por primera vez esta parábola de su propia boca.  Entonces, para entender mejor este texto del evangelio tenemos que tener en cuenta dos aspectos fundamentales:

El objeto de la parábola

Lo que pasa es que debemos centrarnos en lo primero que nos quiere enseña Nuestro Señor con esta parábola. Jesús nos quería enseñar principios de equidad laboral? Reglas de contratación laboral?.  Es muy obvio y definitivamente que NO. Él está buscando enseñarnos algo muchísimo más importante, algo relacionado con el Reino de Dios. No es que la justicia en aspectos de la vida del hombre, como el aspecto  aboral, no le interese a Dios; sino todo lo contrario. El busca algo más esencial  para la vida del hombre que es la enseñanza del Reino de Dios. Un reino que se da y se debe gestar en el corazón  de cada hombre para que este tienda a la perfección (“sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”) y todo lo demás nos vendrá por añadidura tal como Nuestro Señor Jesús nos dijera.

 Si Dios reina en nuestro corazón, Él reinará en nuestra vida; y si esto se repite en cada hombre, Dios reinará en cada sociedad que ellos conformen, y si proyectamos aún más esto… Dios reinará en el mundo. Haciendo así un mundo que para nada se parece a “éste mundo” que tenemos actualmente. Aquí está la importancia vital de ésta cuestión, y para eso Nuestro Señor Jesús vino al mundo: para enseñarnos el Reino de Dios y lograr la salvación del hombre.

El juicio de Dios no es el juicio de los hombres

Recuerdo que en mi juventud asistí a una Misa celebrada por un sacerdote que era también mi profesor de la cátedra de teología de la Universidad Católica de Cuyo (San Luis, Argentina). En la homilía dijo ésta frase: “El juicio de Dios no es el juicio de los hombres”  que se me quedó grabada para toda mi vida. Pero antes, para proseguir,  tomemos un pasaje que está muy relacionado a ésta parábola: Evang. Según San Mateo 6,33 “busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Permítanme que identifique con puntos para después relacionar todo de una mejor forma

  1. Allí habla de dos cosas: El Reino de Dios y la Justicia de Dios. Concentrémonos en la Justicia de Dios

Primero… que es la justicia? Una delas definiciones más antiguas de la Justicia es “dar a cada uno lo que le corresponde”, y  para concretar la misma o dar realización a la misma se necesita previamente la realización de un “juicio”. Ahora bien, a ésta última palabra, usémosla también en el sentido que se refiere a un “razonamiento” o “proceso pensante” determinado de una persona con inteligencia (por ejemplo cuando se dice: “no está en su sano juicio” ó “confío en su juicio debido a su experiencia”). Aclarado esto podemos decir que cada juicio es acorde a nivel de conocimiento,  inteligencia y otros factores como los sentimientos.  Si a todo lo dicho lo aplicamos a Dios, que en Él tenemos Conocimiento Infinito, Inteligencia Infinita, Amor Infinito (= Misericordia Infinita), el resultado es Juicio perfecto…  una Justicia perfecta.

  • Dios es nuestro Padre. De Él venimos y a Él vamos. Como hijos de Dios  que somos y por Redención de nuestro Señor Jesucristo, nuestra herencia es el Cielo. Éste es el deseo que más anhela nuestro amantísimo Padre. Pero todo esto, por maravilloso que sea, no basta para tener esa herencia. El hombre debe hacer méritos para ganarse ésa Herencia. Y en esto es fundamental  la conversión y una vida coherente con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesús.
  • Dios en, su infinito amor, siempre está dando señales, oportunidades, medios “tablas de salvación”, “llamados”, al hombre para que precisamente logre salvar su alma y llegar a Él. Pero respeta sobretodo la libertad de los hombres, y de acuerdo a esto busca en diferentes momentos de su vida cuando “enviar” esos medios o señales para que el hombre se convierta. El conoce perfectamente cuando, en que momento de la vida conviene más al hombre otorgarle esos medios o señales de salvación. Por eso los tiempos son diferentes para cada uno de nosotros.

Ahora vamos juntando y ordenando todo esto y comparemos con la Parábola… creo que pueden visualizar que va tomando forma, que va tomando un poco de nuestra “lógica”:

Los trabajadores fueron “llamados” en distintos momentos de tiempo (c). el  pago fue igual para todos los trabajadores al finalizar la jornada (b). Pero hubo quejas de los primeros trabajadores respecto de los últimos que se incorporaron a la labor a los que el dueño les responde de una forma infalible (a). Pero tenemos que tener en cuenta lo dicho en este punto para entender la justicia de Dios. EL Padre quiere dar a cada hijo lo que le corresponde: el cielo. Este es el objetivo principal del Padre. Pero tenemos que tener en cuenta algo fundamental: EL Amor. Para verlo mejor  analicemos los hechos de la parábola en un contexto puramente laboral, porque  una contratación laboral es independiente de los sentimientos de sus partes. Aquí, lo que le corresponde a cada uno, es la retribución acorde al tiempo trabajado (suponiendo un trabajo que se paga por horas trabajadas). Aquí lo que busca el trabajador es su pago, y lo que busca el propietario es el trabajo realizado. Pero en cambio en la parábola el principal interesado en el pago al trabajador no es el mismo trabajador sino…. El dueño  o propietario!. Entonces vemos que aquí se rompe ya con toda “lógica común” y sólo  es comprensible si existe un motivo “sentimental” en el Dueño o propietario, porque los sentimientos son factores que inciden en nuestro juicio. Pero por otro lado es obvio que la realización del trabajo siempre va a ser un requisito primordial para tener derecho a ese pago, esto es una verdadera conversión en nuestro ser y en toda nuestra vida que al igual que la jornada para los distintos grupos de trabajadores de la parábola, y dependiendo del tiempo en que nos llegó el llamado a la conversión, puede ser corta o larga esa vivencia de vida nueva o vida con Cristo y en Cristo.

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